Seleccionan un proyecto del IBR para el Programa Argentina contra el Hambre

Se trata del proyecto liderado por la investigadora del IBR Natalia Gottig, que trabaja en su equipo para lograr la biofiltración de metales, sobre todo hierro y manganeso, presentes en el agua subterránea que consumen muchas de las poblaciones, en particular del norte provincial, como Villa Ocampo, Florencia y Las Toscas.

El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, (MINCyT), junto con el Ministerio de Desarrollo Social y el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, presentaron el viernes pasado los resultados de la Convocatoria «Ciencia y Tecnología contra el Hambre». Resultaron seleccionados 147 proyectos presentados por 51 instituciones científicas y tecnológicas en las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en más de 70 localidades.

Las propuestas escogidas contarán con un financiamiento total de más de $ 900 millones de pesos y se distribuyen en iniciativas de proyectos de tecnología y producción de alimentos (31%), proyectos de tecnología para el acceso al agua y saneamiento y proyectos de investigación y desarrollo orientados con potencialidad de integración a políticas públicas enmarcadas en el Plan Nacional «Argentina contra el Hambre» (55%)

Los proyectos elegidos –señala la información oficial publicada por el gobierno nacional– «tienen como objetivo impulsar y fortalecer la integración del conocimiento y de los desarrollos tecnológicos y sociales vinculados a soluciones para el acceso a la alimentación y al agua segura, así como al abordaje de la vulnerabilidad socio-ambiental y a la planificación nacional y local de las acciones comprendidas en el Plan Nacional Argentina contra el Hambre.

De este modo, se apunta a contribuir desde el sector científico-tecnológico y así potenciar las acciones públicas que busquen revertir problemáticas como la malnutrición infantil, la emergencia alimentaria y la pobreza en todo el territorio nacional».

El director del IBR, Javier Palatnik, destaca que es un orgullo que investigadores del Instituto hayan sido seleccionados una vez más para un proyecto de esta envergadura, que busca impulsar y fortalecer la integración del conocimiento y de los desarrollos tecnológicos y sociales enfocados en soluciones para el acceso a la alimentación y al agua segura para todo el país. «Felicito a los investigadores de nuestro Instituto por este proyecto, que también potencia el trabajo colaborativo y multidisciplinario en pos de lograr una mejor ciencia que ayude a resolver los problemas de la gente».

El agua, como necesidad primaria

El agua segura es el objetivo de la propuesta seleccionada en la convocatoria, encabezada por la investigadora Natalia Gottig,  junto a un grupo de científicos del IBR, Susana Checa, Diego Serra, Jorgelina OttadoBetiana Garavaglia  y del Centro de Ingeniería Sanitaria (CIS), Virginia Pacini.

El aporte nacional para el proyecto será de 9,5 millones de pesos que les permitirá desarrollar una metodología de inoculación bacteriana rápida, económica y segura para establecer biofiltros aplicables a la remoción eficiente de contaminantes metálicos presentes en agua de consumo. Para esto se escalará la producción de liófilos de biofilms bacterianos, que remueven manganeso, crecidos en medios de cultivo económicos diseñados en base a residuos de desecho de la industria del biodiesel. Se inocularán estos liófilos en sistemas de filtrado de agua de consumo (escala planta piloto) instaladas en localidades de nuestro país con elevados contenidos de manganeso con el fin de optimizar la remoción efectiva de este metal.

Se utilizará un prototipo de laboratorio para evaluar la funcionalidad de estos sistemas de biofiltrado para biorremediar metales pesados de relevancia para la salud como mercurio, plomo y cadmio. Para evaluar la efectiva remoción de estos metales tóxicos se utilizarán biosensores bacterianos que monitorean la presencia de dichos metales.

«Con ensayos ya hechos en el laboratorio y a diferentes temperaturas, ahora el desafío es construir una planta piloto que permita producir la bacteria de manera económica con la idea de hacerlas crecer en residuos orgánicos para luego disecarlas, de modo que sea más fácil su traslado y determinar si luego, nuevamente aplicadas al agua, funcionan como sistema filtro», comenta Gottig.

También le permitirá sacar el proyecto del laboratorio. En este caso se trata de lograr sistemas de filtrado sobre todo del manganeso a través de sistemas de filtros que se realizan con bacterias ambientales que son inocuas y que logran oxidar ese metal, un proceso que se hace a través de arena.

“Esa es una parte del proyecto, además de determinar si remueven otros metales, como plomo, mercurio y cadmio, lo que permitiría además aplicarlo en otros lugares», agregó la investigadora.